Aunque en primera instancia parece sencillo destilar los elementos definitorios de un género, cuando nos ponemos manos a la obra no en todos los géneros es tan fácil. Si empleamos un reduccionismo a la enésima potencia, llegaremos a la conclusión de que la clave de un FPS es que haya tiros a mansalva, que en un juego de carreras haya coches y que los juegos deportivos los protagonicen canis. En el mundo de los survivals, el elemento característico es crear un contexto en el que sintamos terror, miedo, pánico o una potente mezcla de ambas.
“Nos ha jodido”, pensaréis muchos. “No haberte agachado”, sentenciaré yo. Claro que resulta obvio que el elemento clave del survival es hacer sentir miedo al jugador, pero lo que ya no lo resulta tanto es qué cauces ha de seguir el desarrollador para alcanzar esa meta.

Es recurrente echar la vista atrás para ver los aciertos de los títulos seminales del género. Como apasionado fan de un tipo de juegos que pretenden ponerme los pelos como escarpias, es fácil determinar qué desarrolladoras han hecho avanzar el género y cuáles se han quedado viviendo de las rentas, qué títulos no aportaron nada nuevo y cuáles consiguieron contar sus features por aciertos. Lamentablemente, las grandes desarrolladoras que marcaron el paso a seguir se encuentran muy cómodas en su autocomplacencia, pecando de conservadoras y dejando que sean otros quienes apuesten por el género.
Me imagino que coincidiréis conmigo en que no es el más halagüeño de los panoramas para un género tan importante. Aún y así, Jasper Byrne se ha lanzado al ruedo siendo responsable, casi en solitario, de este “Lone Survivor”, tomando elementos de aquí y de allá, de juegos clave en la historia del survival, de mecánicas que no han sabido adaptarse al paso de los tiempos, y dando rienda suelta a unas referencias estilísticas y estéticas que van más allá del universo del videojuego, abrazando a referentes indiscutibles de lo onírico y la simbología, como David Lynch.
Es fácil observar la querencia de Byrne por una estética retro, que se construye sobre el píxel más descarado y el empleo del scroll lateral. No en vano, Byrne es aquél fulano que se dedicó en cuerpo y alma a demakear Silent Hill 2 y convertirlo en Soundless Mountain II, título que hubiera encajado a la perfección en una estantería dedicada a la NES. Pero claro, si Byrne era capaz de retrotraer Silent Hill 2 a la generación de la NES, ¿qué le impedía estudiar el género para dar luz a un título de cosecha propia? Pues, obviamente, nada.
El bagaje que aportaba el proyecto de convertir Silent Hill 2 en SMII, tiene muchísimo peso en este Lone Survivor. Obviamente, en el apartado sonoro se aprecia la admiración que Byrne siente hacia el clásico de Konami (como todo buen hombre de bien, me permito añadir), empleando melodías y efectos sonoros que lo acercan hasta el mejor Yamaoka, pero, si nos permitimos profundizar un poco más, lo que no resulta tan obvio es el hecho de que Byrne tuvo que deconstruir SH2 y reducirlo a su mínima expresión para convertirlo en ese maravilloso demake y, fruto de ese trabajo, surge un conocimiento profuso de los mecanismos que consiguen que los buenos survivals se metan debajo de nuestra piel y habiten en nuestras pesadillas nocturnas.
Desde el comienzo, Jasper Byrne nos sitúa en un contexto en el que no se nos da ningún tipo de tregua. Nuestro avatar es un tipo que sobrevive como buenamente puede frente a la adversidad, que, en este caso, se manifiesta como una especie de apocalipsis que parece haber hecho desaparecer a la mayoría de la población, quedando ciertos elementos que persiguen el mismo objetivo que nosotros, sobrevivir, y una suerte de figuras antropomorfas enamoradas del hedor de la putrefacción y que pretenderán hacernos la vida imposible.

La noche será nuestro campo de actuación, mientras caminamos descalzos para no llamar la atención más de lo estrictamente necesario y hacemos uso de una linterna cuyas baterías estarán dispersas por todo el mapeado y que consume energía a mucha más velocidad de lo que sería deseable, sobre todo si tenemos en cuenta que la linterna es una mierda, no ilumina un pijo y que para examinar ciertos objetos y el mapa es obligatorio darles luz. En lo relativo al derecho constitucional de portar armas, no penséis que vamos a estar ante un arsenal que nos permita eliminar fácilmente a nuestros enemigos, puesto que, a lo largo de todo el juego, dos serán los elementos que nos permitirán allanarnos el camino hacia la salvación. Nuestro fiel Colt .45 y unas pocas bengalas serán todo lo que podremos emplear para eliminar a esos asquerosos bichos. Otra cosa es que no seáis de gatillo fácil, como un servidor, y prefiráis tirar por la vía del sigilo, puesto que en ciertas zonas del juego, se puede interactuar con el escenario para pasar desapercibidos, mientras reclamamos la atención de los ¿enemigos? con trozos de carne podrida.
Si todos estos elementos recuerdan poderosamente a la franquicia de Konami, es porque es la principal influencia de este título. Byrne no se esconde, y deja bien claro desde el principio que considera que la obra del Team Silent es una de las cumbres del género. No en vano todas las mecánicas que os he ido describiendo bien podrían ser una sentida genuflexión hacia las aventuras y desventuras de James Sunderland. Pero, lo que realmente hace especial a Lone Survivor es cómo comprende y ejecuta a la perfección todos los resortes del terror y el desasosiego.
Desde el propio contexto narrativo, teniendo por protagonista a un sujeto bastante cobardica (y quién no lo sería en esa situación) que está ampliamente superado por las circunstancias, hasta los elementos que rodean la historia, presentados de una manera muy críptica, que nos hace preguntarnos qué puñetas está pasando aquí, por qué hay un fulano que nos pregunta si lo conocemos o qué hace ese tío con una caja en la puta cabeza mientras se mete en nuestros sueños. A todos estos divertidos mecanismos de mal rollo, hay que sumarle un sistema de combate intencionadamente ortopédico y desigual, una perenne sensación de hambre de nuestro protagonista, lo que nos obliga a alimentarle cada dos por tres si no queremos que se nos dificulte aún más la tarea, o una resistencia del personaje que lo convierte en el protagonista más flojo de la historia de los videojuegos… Un par de ataques de los bichos que campan por la zona bastarán para que la pantalla comience a parpadear sincopadamente, con un enervante tono sanguinolento, mientras nuestra puntería se ve mermada por las heridas sufridas.
Y lo mejor de todo es que estas palabras no le hacen justicia a una ambientación cuyo único objetivo es plantar el desasosiego en nuestro interior. Todo, absolutamente todo, en Lone Survivor funciona de modo y manera que nos hace estar en una situación de perpetua alerta, crispando nuestros nervios y sintiendo cómo este juego nos envuelve y nos hace querer volver a él una y otra vez, por muy mal que nos lo esté haciendo pasar, ya sea introduciéndonos en entornos increíblemente hostiles o presentándonos situaciones deliberadamente bizarras, que no hacen sino incrementar esa sensación de estar fuera de lugar, de ser un elemento extraño en un mundo más extraño aún.
Mención aparte merecen los arrestos que Jasper Byrne demuestra como desarrollador. En una época en la que el contenido que se introduce en un videojuego ha de ser disfrutado por Decreto Ley, Superflat Games se permite el absoluto lujazo de introducir elementos que están pensados hasta el mínimo detalle, pero cuyo disfrute se limita a aquellos que, enfermizamente, exploren el mundo en el que nos sueltan, obviando un avance constante en aras de satisfacer nuestra curiosidad.

Se podrían decir muchas más cosas sobre este juego. Podría desgranar muchísimas más mecánicas, situaciones y simbologías más que evidentes, pero no sería conveniente, puesto que reduciríamos la grandísima pegada que gasta este juego en muchas ocasiones, lo cual sería hacerle un flaco favor a este título y al texto, ya puestos.
No necesitamos diseccionar la totalidad de este juego para observar su maestría, puesto que, teniendo en cuenta su evidente estructura (deconstrucción del género para posterior ejecución respetando y aplicando con personalidad sus elementos definitorios), se puede sentenciar que el total sus elementos y aciertos arroja un resultado muy superior a la suma de sus partes.
Lone Survivor es un survival que comprende el género a la perfección, que estudia concienzudamente las grandes obras del género para conseguir lo que parecía imposible: un juego al que no le importa ningún avance técnico sino tener una estética y un objetivo en mente, un juego que tiene claras referencias pero que destila personalidad. Si eso no es ser un maestro del desarrollo de videojuegos que baje Jensen y lo vea.





GANAS. Fue una de los juegos que me hizo comprar el famoso Bundle pero aún no lo he podido empezar.
Por cierto, el juego tiene situaciones a lo Twin Peaks, ¿me equivoco?
No te equivocas, no. Lone Survivor es MUY David Lynch a la hora de presentar ciertas situaciones y personajes, lo cual hace que el juego sea aún más inquietante.